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viernes, 16 de noviembre de 2012

Tú+Yo

Me miro en el espejo. Veo mi rostro, mi nariz, esa que tanto me acomplejó, ahora me parece bonita. Mis labios, pequeños y apenas notables, llevan muchas palabras sin decir, y han estado mucho tiempo sin sonreír... pero gracias a ti han vuelto a hacerlo.

Puedo ver un montón de defectos en mi rostro y un montón de virtudes en mi corazón. Lástima que son muy pocas las personas que ven las virtudes del corazón, todos se fijan en la apariencia, como si sólo con ella pudieran conocerte.

-Tal vez sería bueno poder ver el corazón de las personas- pienso en voz alta- aunque, tal vez sea aún más doloroso, pues podríamos saber cuando las personas que amamos y apreciamos sólo quieren utilizarnos y sacar beneficios para ellos mismos. Seguro que por eso Dios no nos permite ver los corazones de los demás.

Miro mis manos, una está cerrada en puño, y la otra está abierta. En mis uñas se pueden ver el rastro de la última vez que las pinté, y en el dorso de mi mano se pueden apreciar unos escritos hechos con tinta. Esos escritos que sólo tú podrías descifrar.

Quisiera que pudieras tomar de mis manos y caminar conmigo, pero sé que no puedes, así que me conformo con oírte y verte en mis sueños.

Porque tú me enseñaste que debo aceptar lo que no se puede cambiar, a quererme y valorar mi vida, a confiar en Dios, a valorar a los demás y nunca rendirme por más adversidades que puedan presentarse ante mí.

Aún me sorprende que seas más extraño que yo. Que mantengas el silencio cuando quiero que me hables de ti.

Admiro la belleza y sabiduría que hay en tus palabras. Te admiro.

Me dijiste que nunca deje de sonreír ¿te acuerdas?, deberías verme, soy una sonrisa andante. Y no quiero mentirte, tengo cambios de humor repentinos, y me pongo triste por lo de siempre, aún sabiendo que no te gusta. Pero no puedo evitarlo, soy humana ¿no?

Me aconsejaste que todo lo que haga lo haga con amor y dedicación, ¿recuerdas? , deberías ver cómo aún con dolor de cabeza, tristeza y enfermedad cumplo mis obligaciones. Tampoco te quiero mentir sobre esto, soy muy olvidadiza, y a veces molesto a los que están a mi alrededor. Sé que no te agrada, pero no puedo evitarlo.

Aún me cuesta mirar al espejo y sonreír satisfecha conmigo misma. Aún sigo, erróneamente, comparándome con los demás. Sigo siendo como antes, la que prefiere leer una buena novela a estudiar. Y sé que no te agrada del todo algunas actitudes mias. Créeme, a mi tampoco me agradan.

Sé que no te gusta que me torture a mi misma, sé que ello no me hace bien. Sé que no te hace bien. Pero no puedo evitarlo. Yo no puedo evitarlo.

Tú si. Por eso te busco todo el tiempo, te escribo aunque no lo leas, por eso intento pensar una respuesta que resuelva el porqué no estás cuando quiero que estés. ¿Comprendes, ahora, porqué me vuelvo loca cuando no estás? Espero que sí lo comprendas, si no, serían en vano estas letras tan mal acomodadas.

Vuelvo a fijar mi atención en el espejo. Una lágrima ha corrido por mis mejillas. Pero no te preocupes, es de felicidad.


Por: Pensamientos al anochecer

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